¿El principio del fin a tres años de guerra?

Galena Koleva-Raúl Velasco (SPC)
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Todo apunta a que el conflicto en Ucrania podría tener los días contados después de que EEUU y Rusia hayan iniciado los contactos para encontrar una propuesta de paz para la que Kiev parece no tener ni voz ni voto

¿El principio del fin a tres años de guerra? - Foto: STRINGER

Cuando los primeros tanques cruzaron la frontera y los misiles cayeron sobre Ucrania aquella madrugada del 24 de febrero de 2022, el mundo fue testigo de cómo las amenazas del Kremlin dejaron de ser meras advertencias para convertirse en una realidad.

El aviso de un supuesto plan ruso para invadir al país vecino llevaba meses planeando. Estados Unidos fue el primero en dar la voz de alarma, meses antes del ataque, pero pocos dieron importancia a unas informaciones que, de haber tenido más respaldo, quizá habrían impedido el inicio de la guerra en Europa del Este. Ahora, tres años después, es de nuevo la nación norteamericana la que podría tener la solución a un conflicto cuya extinción se antoja más cercana que nunca.

De hecho, a tenor de la reunión mantenida el pasado martes en Riad entre los diplomáticos de Washington y Moscú -la primera desde antes de la guerra-, el principio del fin ya ha comenzado, pese a que, por ahora, Kiev no tendrá ni voz ni voto en un eventual acuerdo de paz.

Resulta paradójico que un país que ha sufrido tantas bajas durante este tiempo, especialmente entre la población, se quede fuera de las negociaciones. Allí, los civiles que han perdido la vida por las hostilidades se cuentan por decenas de miles, ciudades enteras han quedado reducidas a escombros, mientras la situación de los millones de desplazados continúa siendo crítica.

Todo comenzó con una operación relámpago lanzada por el presidente ruso, Vladimir Putin, para «desnazificar» Ucrania, «liberar» las regiones de Donetsk y Lugansk -objeto de un conflicto entre las partes desde 2014- y evitar una expansión de la OTAN que amenazase su territorio.

La furia de su Ejército logró avanzar rápidamente por este y sur, llegando hasta las localidades de Mariúpol, Járkov, Jersón, Zaporiyia o la propia capital. Pero el jefe del Kremlin no contó con encontrarse con una feroz resistencia que consiguió aquello que evitaba: cronificar la contienda. Eso, unido a la ayuda militar y económica desde Occidente permitió a las fuerzas locales lanzar una contraofensiva y recuperar parte del territorio perdido, aunque sin lograr la ruptura decisiva que muchos esperaban.

Quizá el mayor punto de inflexión se vivió el año pasado, cuando las tropas ucranianas de Volodimir Zelenski lograron cambiar el signo de la batalla al penetrar en suelo enemigo, en una operación en la región rusa de Kursk que pilló totalmente desprevenido a Putin. La euforia invadió rápidamente a Kiev, sobre todo cuando algunos de sus máximos aliados internacionales le permitieron usar sus armas de largo alcance para golpear objetivos del Kremlin, lo que le llevó a amenazar a Occidente en más de una ocasión con un conflicto a gran escala, agitando incluso la amenaza nuclear.

En los últimos meses, Moscú ha conseguido recuperar más de la mitad de su terreno, si bien no ha logrado expulsar de Kursk a su vecino. Mientras, las bombas continúan resonando en Ucrania y los intercambios de drones entre ambas partes no paran de sucederse.

Un nuevo orden mundial

Pero mientras el frente se estanca y la fatiga se extiende a ambos lados del frente, los movimientos diplomáticos están cobrando fuerza en un nuevo escenario global marcado por el regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, quien prometió poner fin a las hostilidades en sus primeras 48 horas en la Presidencia.

El plan era demasiado ambicioso, pero todo apunta a que su objetivo verá la luz en los próximos meses: la reciente reunión en Riad entre representantes de EEUU y Rusia ha desatado cierto optimismo, aunque también todo tipo de especulaciones. Ni Ucrania ni la Unión Europea fueron invitadas a la mesa de negociaciones, lo que ha causado críticas y temores a que el posible acuerdo de tregua implique concesiones territoriales a Moscú que hasta ahora nadie contemplaba.

Tres años después, la paz sigue siendo una posibilidad lejana, pero ahora al menos hay una disposición inédita para el diálogo: los líderes internacionales se ofrecen como puente para tejer lazos, Putin y Trump tienen previsto reunirse tras descongelarse las relaciones diplomáticas entre el Kremlin y la Casa Blanca e, incluso, el presidente ruso se muestra abierto a hablar con su homólogo ucraniano en caso de que fuese necesario.

Pero mientras las negociaciones parecen avanzar en la sombra, la pregunta sigue abierta: ¿hasta dónde estarán dispuestos a dejar de lado sus ambiciones para poner fin a la guerra?