Las últimas tortillas de Mari Carmen

Nacho Sáez
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El Bar Daoiz cierra sus puertas el 11 de febrero tras 28 años en los que ha sido testigo de la evolución del turismo sin descuidar al cliente de barrio.

Las últimas tortillas de Mari Carmen

Mari Carmen Escribano y Jaime Casado están viviendo estos días una montaña rusa de emociones. La satisfacción por el deber cumplido y por haber tomado la decisión que les dictaba su corazón, a pesar de los riesgos, se mezcla con un poso de tristeza por cerrar una etapa que ha marcado sus vidas. El próximo 11 de febrero será el último día que Mari Carmen y Jaime abrirán las puertas del Bar Daoiz, que cierra una etapa de 28 años que podría ser la última de este emblemático establecimiento hostelero del casco histórico.

La bajada de la persiana del Bar Daoiz es un resumen de una historia vital. Por un lado, una trabajadora que se jubila tras décadas de esfuerzo y compromiso con su oficio, y por otro, un joven que quiere buscar nuevos retos profesionales ahora que todavía está tiempo. Ambos comparten una resiliencia que creció de manera exponencial cuando la vida les golpeó de la manera más cruel. La muerte se llevó demasiado pronto a José Antonio Casado, marido de Mari Carmen, padre de Jaime y responsable de que en 1997 cogieran las riendas del Bar Daoiz.

Tras haber trabajado en el Hotel Los Arcos, en el restaurante José María y en El Café de San Millán y después de haber llevado La Venta Hontoria, José Antonio se enteró de que el Bar Daoiz estaba en venta y apostó por hacerse con un negocio que curiosamente lleva el nombre de Daoiz pese a que está ubicado en la calle de al lado, Marqués del Arco. "Al principio estábamos mi marido y yo solos y los extras que venían el fin de semana. Luego cuando Jaime se hizo más mayor se metió a echarnos una mano, pero solo los fines de semana porque estaba estudiando en Madrid", relata Mari Carmen, que ha sabido beneficiarse del turismo que tiene esta calle sin descuidar al segoviano.

La despedida de su deliciosa tortilla de patata ya está haciendo derramar lágrimas a más de uno, pero había llegado el momento de cambiar de tercio. "Podría haber aguantado dos años más, pero Jaime quiere hacer otra cosa. Nunca le ha gustado la hostelería y todavía tiene una edad que puede buscar otra cosa", apunta Mari Carmen, que destaca los sacrificios que tuvo que hacer su hijo: "Cuando murió mi marido, yo no quería volver al bar pero era de donde salía el dinero y funcionaba muy bien, así que Jaime dejó de estudiar, se vino conmigo al bar y hemos estado ocho años aquí los dos juntos".

En su precoz experiencia al frente de un bar que además tiene restaurante, Jaime diferencia dos periodos. Desde 2017 hasta la pandemia y después de la crisis de la Covid-19 y hasta ahora. "Antes de la pandemia yo venía a currer y bien, pero tras la pandemia vinieron muchas cosas sobrevenidas y acabé harto. Estábamos muchas horas aquí sin gente, cuando empezaba a volver la gente nos levantaron toda la calle y no entraba nadie…", cuenta, desencantado también con cómo ha evolucionado el cliente turista: "Hay mucho turismo pero es muy salvaje y muy maleducado".

Ni siquiera han sido contrapeso suficiente en su decisión las visitas de sus amigos varias veces a la semana para compartir un café o su amor por el barrio. En él viven varios de sus mejores amigos y en él estaba su colegio, las Jesuitinas, desde donde iba al bar cuando era un niño -y más tarde a por un bocadillo en el recreo- y veía el trabajo ímprobo que hacían sus padres. "Ahora abrimos hasta después de las comidas, pero mis padres se iban un rato a descansar por la tarde y luego volvían", remarca.

"Unos meses antes de fallecer mi padre ya entré a trabajar más en serio en el bar, y después me hice cargo de los pedidos y de toda la gestión del bar mientras mi madre se encargaba de la cocina. También nos echaba un cable mi hermano, pero él continuaba estudiando", continúa. Si los comentarios de Tripadvisor son un indicador del trabajo realizado, los del Bar Daoiz son casi todos buenos. Han conseguido romper uno de los prejuicios más extendidos en la hostelería segoviana y es que los judiones y el cochinillo solo se sirven con excelencia en las 'parroquias' clásicas.

Eso, junto con unos desayunos bien surtidos y un menú del día que también era capaz de salirse de la gastronomía castellana, les ha permitido mantener hasta el día de su cierre un local rentable. Pero de momento no tienen comprador. "Con lo que nosotros hacemos se trabaja bien aunque hay que trabajarlo, pero también se puede poner en plan cafetería si no se quiere complicar la vida", señala Mari Carmen. "El que quiera venir lo que tiene que tener es ganas", abunda Jaime antes de posar para la foto junto a su madre, una de las últimas antes de que pasen al otro lado de la barra y ya puedan contar, sin tener que estar pendientes de las peticiones de sus clientes, que juntos supieron superar el momento más complicado de sus vidas.

ARCHIVADO EN: Turismo, Madrid, COVID-19