El 20 de noviembre de 1975, la voz trémula y emocionada de Carlos Arias Navarro anunciaba en Televisión Española la muerte de Franco. Tres días después, la losa sobre su féretro sepultaba no sólo sus restos mortales, sino también una oscura etapa de la historia de España que abría un nuevo periodo en el que los españoles comenzaron a recuperar su libertad. Quienes mejor entendieron este cambio social fueron los jóvenes, que sin el lastre de tiempos pretéritos, vieron fuera de las fronteras españolas nuevas formas de entender la vida con las que poder abrazar un futuro más esperanzador. Así, sin prisa pero sin pausa fueron llegando corrientes artísticas, filosóficas y estéticas que bajo el paraguas de la música fueron calando en aquellos que buscaban poder canalizar sus ansias de libertad, dando lugar a lo que en las décadas de los 80 y los 90 del pasado siglo vinieron en llamarse 'tribus urbanas'.
Poco a poco, las calles de las ciudades comenzaban a mostrar a jóvenes con chupas de cuero claveteadas, melenas leoninas, crestas inverosímiles, peinados a navaja, tupés , gabardinas y corbatas, rastas… en una amalgama que rompía el orden establecido y que se empeñaba en mostrar otras realidades alejadas del 'stablishment' impuesto por casi cuatro décadas de dictadura. Los jóvenes comenzaban a agruparse en grupos sociales vinculados a la música como el punk, el rock, el pop-rock, el heavy o el reggae, por poner algunos ejemplos y en ellos compartían sus gustos y comenzaban a tejer sus propias relaciones sociales.
Enseguida llegaron los prejuicios y los lugares comunes, asociando a cada movimiento estigmas vinculados a la violencia o a la conducta antisocial, lo que en algunos casos les valió ser arrinconados por una sociedad que los creó para después tratar de domesticarlos. El paso del tiempo fue poniendo a cada uno en su lugar y casi medio siglo después, estas tribus urbanas solo quedan en el recuerdo de una generación marcada por su influencia, y en la memoria viva de quienes la transformaron en una manera de vivir.
La memoria de las Tribus Urbanas - Foto: Rosa BlancoLa idiosincrasia de una sociedad reticente a los cambios como la segoviana no impidió que estas tribus urbanas tuvieran sus pequeñas reservas en la provincia, y que en estas reservas vivieran hasta nuestros días personas que han conseguido resistir al vertiginoso avance de modas y modismos. Hoy rescatamos cuatro ejemplos de otros tantos segovianos orgullosos de lucir cazadoras de cuero y botas de piel de serpiente como el 'heavy' Oscar Velasco, vestir con elegancia camisas, gabardinas y corbatas como el 'mod' José Luis Iñígo, peinar su tupé de rockabilly como el 'rocker' Miguel Angel Pina 'Michel' o buscar la paz espiritual con los sonidos jamaicanos del 'reggae' como Loygorri. Parafraseando el título del himno generacional compuesto por Rosendo Mercado y cantado por Leño, son cuatro maneras de vivir como las que en su día profetizara Bob Dylan al asegurar que «los tiempos están cambiando»…
Óscar Sancho Rubio, 'heavy'
"El heavy es pacifista, solidario y lucha contra las injusticias sociales".
Óscar Velasco lleva más de 30 años como músico y toda la vida como heavy, desde que en su adolescencia vio que la música podía ser una buena forma de expresar sus ansias de libertad. El cantante del grupo 'Lujuria' recuerda en su adolescencia las canciones de 'Tequila', un grupo de origen argentino cuyos integrantes vinieron a España huyendo de la dictadura militar y que comienzan a hacer rock en castellano cuyas letras dejaban traslucir una cierta rebeldía contra el sistema. De ahí, el paso lógico era avanzar hasta lo que se llamaba el «rock duro» de bandas como Leño, Asfalto, Topo o Barón Rojo que «tenían canciones con mensajes muy comprometidos, que hacen que me enganche de forma definitiva para después dar el salto hasta el heavy, en el que me instalo»
La memoria de las Tribus Urbanas - Foto: Rosa BlancoVelasco asegura que el heavy «siempre ha dado un mensaje de lucha, de resistencia», y señala que en los barrios del extrarradio de Madrid y en las ciudades satélite de la capital es donde fraguó en España un movimiento que parte de una filosofía «pacifista, solidaria y antibelicista, siempre del lado del pueblo y de frente a las injusticias sociales». «Hoy la juventud está adormilada por una música que valora los placeres inmediatos, el reguetón no crea ningún tipo de conciencia social», sentencia.
Pese a su estética agresiva, Oscar Sancho asegura que el pelo largo, las tachuelas, las cadenas o las botas no le han generado rechazo social. De hecho, rechaza cualquier vinculación del heavy con la violencia, y asegura que el movimiento arrastra el estigma del fallecimiento de un joven en 1984 en un concierto de Scorpions en Vallecas, donde fue apuñalado y que se atribuyó a una agresión por una pelea de heavys «cuando después se demostró que fueron marines americanos quienes le asesinaron»
José Luis Iñigo Docando 'Mod'
"Sigo yendo a conciertos, pero no soy tan estricto en la estética"
La memoria de las Tribus Urbanas - Foto: Rosa BlancoA sus 13 años, José Luis Iñigo era un adolescente con el 'heavy' en la cabeza al que descubrir a Los Beatles le cambió la vida. El sonido de los 'Fab Four' le llevó a seguir investigando y madurando sonidos vinculados al pop británico que le terminaron conduciendo hacia el movimiento 'mod', reflejado en la mítica película 'Quadrophenia', icono de esta filosofía musical y cultural. Su fascinación fue en aumento y comenzó a buscar en foros lugares comunes en los que poder compartir esta afición, que le llevó a fiestas, clubes y festivales especializados en este estilo. Han pasado casi cuatro décadas y José Luis conserva prácticamente intacta esta pasión, que le ha llevado a incorporar «desde mi propio estilo» la estética mod basada en la elegancia como contraposición a la de otros movimientos. «Había ciertos cánones estéticos que me atraían, como son esa elegancia obsesiva que les llevaba a intentar destacar con elementos como un traje con botones forrados de la misma tela, trabillas, cuellos, corbatas, adornos de las camisas… que nos hacían sentir especial de alguna manera».
La música de grupos como The Who y su antecesor The High Numbers, The Jam, Small Faces o en España grupos como Los Flechazos, Los Negativos o Brighton 64, por poner algunos ejemplos, consolidaron la importancia de un movimiento vinculado a la clase media británica que consiguió calar fuera de las fronteras del imperio. Asi, José Luis Iñigo asegura que a punto de cumplir los 50 años «mi pareja y yo compartimos esta afición y seguimos yendo a conciertos, y ella tiene una buena colección de vestidos que se pone para ir a los conciertos e intentar ir lo más acorde con el entorno, pero no somos tan estrictos estéticamente como lo fuimos en su época».
Miguel Ángel Puga 'Rocker'
"De rocker ya sólo me queda el tupé"
En la década de los 80, la cazadora de cuero y el pantalón vaquero con dobladillo de Miguel Angel Puga -Michel para amigos y conocidos- dejaba a las claras su gusto por el rock esencial de los años 50 y 60. En una época marcada por sonidos más radicales y comerciales, Michel buscaba discos de Bill Haley, Chuck Berry o Eddy Cochran para bailar el rock alrededor del reloj o pedir a Johnny que sea bueno. Fueron años en los que Michel se convirtió en un verdadero 'rocker', al que llegó por la influencia de su hermano mayor, que ponía en el tocadiscos que compraron sus padres todos los vinilos que iba adquiriendo de este estilo. También la influencia de su hermano mayor le llevó a adoptar la peculiar estética de este movimiento, aunque asegura con humor que ahora, «de rocker solo me queda el tupé, que procuro conservar si puedo».
Recuerda con un halo de nostalgia una época en la que su identificación como rockero le llevó a distinguirse en su círculo social más inmediato, aunque en su adolescencia, «los punkis y los heavys eran quienes más llamaban la atención». Marmolista de profesión, asegura que en su etapa como integrante de una tribu urbana nunca tuvo problemas, quizá porque «en Segovia no había mucho, había cuatro punkis, cuatro rockers y seis heavys, y no había ningún tipo de rivalidad, coincidíamos en los bares tomando cañas sin problemas, porque en Segovia nos conocemos todos y el punki vivía a lo mejor dos calles más arriba de la mía».
A sus hijos de 25 y 19 años les pone de vez en cuando la música de los clásicos del rock pero la brecha generacional es profunda. «Cuando les pongo discos de rock les digo: esto es música, pero ellos me contestan: eso es la música que oyes tu. A mis hijos les gusta mas el 'chunda chunda' de la música electrónica, y a los jóvenes ya no aprecian la música en directo de una guitarra, un bajo y una batería porque ahora lo hacen con el autotune ¿dónde está el encanto de esto?»'
Loygorri. 'Reggae'
"En un control de la Guardia Civil, sé que al primero que van a parar es a mi por mi pelo»
Loygorri asegura que no es un rastafari ni consume marihuana, pero las rastas de su cabello le identifican con su afición al reggae, una música de la que valora su carácter «lento y meditativo» marcado por unos graves «bien pesados» que le dan su seña de identidad. Con 38 años, ha convertido su gusto por esta música en una afición y en una manera de interrelacionarse con otras personas que comparten este hobby.
Tatuador de profesión, Loygorri asegura haber llegado al sonido que popularizó a nivel mundial Bob Marley desde otras corrientes aparentemente más lejanas como el punk o el ska, y se fue acercando al reggae a través de fiestas y festivales especializados en una música «que comienzo a ver de otra manera» y que comienza a asumir como una forma de vida y de cultura. De este modo, comienza a introducirse en los circuitos de conciertos y discográficas interesadas en el reggae, y a compartir sus discos a través de sesiones en los que ejerce como improvisado "pincha" y que le llevan a crear un 'Sound System'. Asegura que los bolos «no te plantean poder vivir de esto, pero si me invitan a pinchar en un sitio donde me apetece mucho ir, lo pongo de mi dinero».
Su identificación con esta corriente no le ha generado problemas de convivencia, aunque reconoce que «si hay un control de la Guardia Civil, al primero que va a parar es a mi por mi pelo, pero ya sabemos que en el mundo hay muchos prejuicios, y yo no me voy a cortar el pelo porque me paren en un control». 2Me gusta la estética de la cultura rastafari, aunque yo no soy rastafari, pero la música es la mayor motivación y lo que lamento es que hay mucho problema para mover la cultura en esta ciudad, porque creo que espacios como el reggae podrían tener cabida».