El expresidente de gobierno lleva unos días en China preparando la visita de Pedro Sánchez, que llegará a Pekín esta semana. Su tercer viaje chino en los dos últimos años, y no es ajeno a ello José Luis Rodríguez Zapatero
Es desde hace unos años su asesor áulico, su más querido consejero, tanto para asuntos internacionales -aunque Albares presume de la intensidad de su influencia en el presidente- como en los nacionales, donde ZP ha sustituido a José Luis Ábalos en la confianza de Sánchez para analizar las cuestiones de política interna española.
En cualquier circunstancia, y más aún con la inquietud de que la guerra de Ucrania vaya a más y afecte al resto de Europa, escuchar los análisis de un expresidente de gobierno con buena entrada en la cúpula del poder en China, sería una importante baza para potenciar las relaciones con ese país, tanto comerciales como políticas. Se trata una potencia mundial, el segundo país más poblado del mundo, abanderado de la investigación y tecnología punta. Pero … Hay peros. Muchos.
De cara a la guerra de Ucrania y sus consecuencias, China mundial junto a Estados Unidos y Rusia, mantiene una actitud prudente, atento a cómo se desarrollan los acontecimientos. Mantiene aquello que su gobierno declaró hace dos años: en ningún caso sería el primero para iniciar un ataque nuclear. No es un mensaje tranquilizador, porque indica que Jinping piensa que existe ese riesgo de utilización de armas nucleares.
En ese escenario, que el presidente español utilice a Zapatero no parece el amarre más tranquilizador.
Zapatero no es Carter, que en contra de lo que se pensaba tuvo un importante y muy activo papel como mediador internacional. Zapatero se mueve por intereses económicos. Tiene presencia y peso en Venezuela y China, donde se está haciendo de oro y ha introducido la agencia de comunicación de sus hijas para llevar grandes empresas de esos dos países. Es fundador del Grupo de Puebla, que todo el mundo sabe cómo respira, y convirtió a Erdogan en un personaje con protagonismo en aquel invento de la Alianza de Civilizaciones. No se puede decir del expresidente español que su voz se escuche con respeto en los países de trayectoria indiscutiblemente democrática, sino que su escenario de influencia es el de las dictaduras o casi dictaduras. Países además que saben perfectamente que Zapatero no es un fanático de promover ideales políticos o mediar en negociaciones de paz, sino que sus intereses son más prosaicos. De dineros, para ser claros.
Un viaje a China para entrevistarse con su presidente siempre vale la pena. Más aún en momentos preocupantes, y confusos, como los que vive el mundo. Pero que Sánchez acuda de la mano de Zapatero, no es la mejor fórmula para vender a los españoles que Sánchez es figura importante en los circuitos internacionales de alto nivel. Otra cosa es que la tarjeta de visita de ZP sea bien considerada en China.
Jinping sabrá si Zapatero es el mejor introductor del gobernante español.