Temblar como un flan: cuando alguien está muy nervioso o tiene miedo. Los ingleses no tienen el «tremble as a custard» pero sí flanes vestidos de azul cielo, repostería pija y fina, que ejercen de futbolistas cada tres o cuatro días. Están en Manchester y, si tuviese que poner un ejemplo para comparar al City de estos últimos cinco o seis años con el de esta temporada, hablaría del tipo que se ha dado un golpe en la cabeza o ha estado en parada cardiorrespiratoria o directamente en coma y, al recobrar la conciencia, no recuerde absolutamente nada de lo que era o hacía. Objetivamente, el duelo del pasado martes en el Etihad no lo gana el Madrid: lo pierde el 'Flanchester' City. Me niego a pensar que una sola pieza (Rodri) lo aguantara todo o que Guardiola, uno de los estrategas más creativos en la historia del fútbol moderno, haya sido incapaz de encontrar alternativas desde aquel infeliz 22 de septiembre en que al Balón de Oro se le rompió la rodilla.
Si algo nos gustaba a los aficionados -excepto cuando se la 'jugaba' a los nuestros- era ver cómo en los partidos del City la pelota era una liebre sobre el césped, corriendo con una velocidad y una precisión asombrosas. Cómo todos los jugadores, sobre todo en la zaga, minimizaban el error entre triángulos improvisados por todo el campo. Cómo los atacantes tiraban y tiraban desmarques, y los medios y los laterales entraban desde segunda línea. Cómo se volcaba hacia adelante un bloque sólido y valiente que creía en una idea ganadora. ¿Qué ha pasado este año? Si nadie se explicaba el pésimo año de los 'citizens', obtuvo respuesta en el partido del martes, donde aplicó los cuatro antónimos a los argumentos del pasado: lento, fallón, estático y tembloroso. Como un flan.